Hace unos años, pasaba horas editando una foto antes de publicarla en Instagram. Ajustaba la luz, aplicaba filtros, corregía cada pequeño detalle. Todo debía verse impecable. Pero un día, después de subir una imagen perfecta de mi café matutino, me di cuenta de que había tardado más en editar la foto que en disfrutar la bebida. Algo dentro de mí hizo clic. ¿Para quién estaba creando este contenido? ¿Por qué tanto esfuerzo en mostrar una versión idealizada de mi vida en lugar de simplemente vivirla?
No fui la única en sentirlo. Poco a poco, las redes sociales han empezado a mostrar señales de agotamiento ante la perfección artificial. Un estudio de la Universidad de Columbia y de Northwestern reveló que las autoexpresiones en las plataformas de redes sociales a menudo son idealizadas, exageradas y poco realistas, y que el uso de las redes de manera auténtica se asocia con un mayor bienestar subjetivo. Las personas ya no quieren ver solo vidas inalcanzables y filtros impecables; buscan contenido con alma, con historias reales y momentos sin guion. Nos estamos cansando del contenido perfectamente curado y editado. Cada vez más, buscamos autenticidad, conexión real y mensajes que nos hablen de manera honesta. La era de lo auténtico ha llegado, y con ella, un cambio en la manera en que las marcas y los creadores de contenido se comunican con su audiencia.
Además, mientras Instagram sigue promoviendo imágenes perfectamente estilizadas, otras redes han surgido como respuesta a esta fatiga. BeReal, por ejemplo, desafía a los usuarios a compartir una foto espontánea en un momento aleatorio del día, sin retoques ni preparaciones. En TikTok, los videos virales suelen ser aquellos que muestran escenas cotidianas y espontáneas, en contraposición a la hiperproducción de contenido.

Del feed perfecto a la conexión real
Hubo un tiempo en el que los feeds de Instagram debían ser visualmente impecables, con colores coordinados y una estética cuidadosamente planeada. Las marcas y los influencers invertían tiempo y dinero en construir una imagen inalcanzable de perfección. Pero la realidad es que los usuarios han comenzado a desconectarse de esa idealización. Hoy, las audiencias valoran más la espontaneidad, los errores y la humanidad detrás de una publicación. Quieren saber que detrás de una marca hay personas reales con historias reales.
Por ejemplo, la influencer Celeste Barber se hizo viral parodiando las imágenes idealizadas de las celebridades, mostrando de manera cómica pero honesta la diferencia entre la realidad y la ficción digital. Su éxito demuestra que la audiencia responde mejor a lo auténtico que a lo inalcanzable.
La vulnerabilidad como estrategia de comunicación
Mostrar imperfecciones ya no es una debilidad; es una fortaleza. Contar historias de fracasos, mostrar el detrás de cámaras de un proyecto, compartir momentos incómodos o difíciles genera confianza y cercanía. Los creadores que se atreven a ser vulnerables conectan más profundamente con su audiencia, porque reflejan emociones y experiencias con las que cualquiera puede identificarse.
Un gran ejemplo de esto es Brené Brown, investigadora y escritora, quien ha demostrado en sus conferencias y libros que la vulnerabilidad es el núcleo de la autenticidad y la conexión humana. Su charla TED “El poder de la vulnerabilidad” acumula más de 60 millones de visualizaciones, evidenciando la necesidad de un discurso más humano en la era digital.
El auge del contenido sin filtros
Plataformas como TikTok han sido clave en este cambio. El contenido efímero, sin producción elaborada, ha demostrado ser más efectivo que los videos ultra editados. Historias contadas en un solo take, sin cortes ni efectos, generan más engagement que aquellas que buscan la perfección visual.
Según un informe de Hootsuite, los videos espontáneos en TikTok generan un 153% más de interacción en comparación con los producidos profesionalmente. Esto explica por qué cada vez más marcas y creadores están abandonando el contenido altamente producido en favor de la naturalidad y la inmediatez.
Además, los algoritmos de muchas redes han empezado a favorecer el contenido genuino. Instagram, por ejemplo, ha dado más protagonismo a los Reels espontáneos sobre las publicaciones altamente editadas. Lo que antes era sinónimo de “poco profesional” ahora es sinónimo de confianza y credibilidad.
¿Cómo ser más auténtico/a en redes sociales?
Para quienes buscan adoptar esta tendencia, hay estrategias concretas que pueden ayudar:
- Comparte el detrás de cámaras: Muestra cómo realmente es tu proceso, desde los errores hasta los aciertos.
- Deja los filtros de lado: Publica contenido sin retoques excesivos. No todo tiene que ser perfecto para ser valioso.
- Cuenta historias reales: En lugar de solo vender productos o servicios, conecta con tu audiencia a través de narrativas personales y genuinas.
- Usa redes que fomenten la espontaneidad: BeReal y TikTok son plataformas donde lo real y sin guion tiene más peso que la estética cuidada.
- Interactúa de manera honesta: Responde a comentarios y mensajes con autenticidad, sin respuestas automáticas o demasiado corporativas.
Las marcas también se suman a la autenticidad
No solo los/as creadores/as de contenido han adoptado esta tendencia; muchas marcas también han entendido que la autenticidad vende. Empresas que antes apostaban por campañas publicitarias impecables han comenzado a mostrar su lado humano.
Un caso emblemático es el de Dove y su campaña “Real Beauty”, que desde hace años promueve la belleza sin retoques ni filtros. Esta iniciativa ha logrado conectar emocionalmente con su audiencia y ha generado una conversación global sobre la autoaceptación.
En la gastronomía, el turismo y la cultura, este cambio también es evidente. Los restaurantes ya no solo publican imágenes de platillos perfectamente presentados; ahora comparten historias de sus chefs, errores en la cocina y procesos reales detrás de cada plato. Los destinos turísticos no solo muestran playas paradisíacas, sino que también cuentan historias de la gente local, con todas sus complejidades y matices.
La autenticidad no es una tendencia, es el futuro
Nos estamos alejando de la era del contenido inalcanzable y acercándonos a un mundo digital donde lo imperfecto es valioso. La autenticidad no es solo una estrategia; es una necesidad para las marcas y creadores que quieren permanecer relevantes.
Las redes sociales han evolucionado, y con ellas, la manera en que nos comunicamos. La pregunta ya no es si debemos ser perfectos, sino si somos capaces de ser reales. Porque en un mundo saturado de filtros, lo auténtico será siempre lo más atractivo.
Si las marcas y creadores de contenido quieren seguir siendo relevantes, deben dejar de vender ilusiones y empezar a construir conexiones genuinas. La pregunta es: ¿estamos listas para abrazar lo real en lugar de lo idealizado?


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